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Bereshit
Lej Leja Génesis 12:1-17:27
“Dijo el Señor a Abram: Vete
de tu tierra y de tu país natal y de la casa de tu padre a la tierra
que te mostraré. Y te destinaré a ser un gran pueblo y te bendeciré
y engrandeceré tu nombre y serás bendiciones” Génesis 12:1
Este Sidra (porción)
comienza con un nuevo nacimiento para la humanidad: la historia de
Abraham y sus descendientes. Los primeros dos mil años desde la
Creación son conocidos como la Era de la Desolación. La caída de
Adán, el asesinato de Abel, la introducción a la idolatría, y las
diez generaciones tenebrosas exterminadas en el Diluvio nos presenta
un mundo caótico sin mucha esperanza.
Abraham nació en el año 1948
desde la Creación. En el año 2,000, cuatro años después de la
Dispersión de Babel y seis años antes de la muerte de Noé, Abraham
comenzó a influenciar discípulos para servir al Eterno. Con la
aparición de Abraham, la Era de la Desolación llega a su fin dando
comienzo a la Era de la Torá (Avodah Zarah 9ª).
Con Abraham comienza un
profundo cambio en la naturaleza espiritual de la humanidad. En el
plan de la Creación todo ser humano podría tener una porción de la
misión divina, el cumplimiento de la Torá, y del Eterno habitar en
el medio de Su pueblo. Después de veinte generaciones perdidas, el
privilegio de recibir estas bendiciones fue entregado a Abraham y a
su descendencia. Abraham no ganó este nuevo estado por coincidencia
sino que tuvo que probar su grandeza pasando diez pruebas de fe.
La primera prueba mencionada
en la Escritura se encuentra en el primer versículo de esta Sidra,
el mandamiento de renunciar a todo su pasado y seguir la dirección
del Eterno.
El Eterno le ordena a
Abraham que rompa toda unión con su pasado y con sus seres queridos,
cuando tenía 75 años. Tres son los mandamientos 1) dejar su tierra
אַרְצְךָ
Artzija su tierra
representa un lugar de seguridad que una tierra extraña no puede
proveer.
מּוֹלַדְתְּךָ
Moladteja su lugar de
nacimiento donde se encuentran los recuerdos de la niñez que
confortan al hombre a través de su vida, y finalmente su בֵּית
אָבִיךָ
Beit Avija la casa de
su padre, dejar atrás la seguridad recibida en su juventud, y la
provisión de todas sus necesidades. Abraham no titubeó, el sabía que
el Creador del mundo era su seguridad. La Torá expresa esta prueba
de Abraham en grados ascendientes de dificultad. Es difícil para una
persona dejar su tierra, aun más difícil dejar su familia, pero aún
más difícil dejar a sus padres.
De
acuerdo con Rambam las otras pruebas de Abraham fueron las
siguientes
2) La
hambruna en Canaán después que el Eterno le había asegurado que esa
era su tierra y sería una gran nación.
3) La
corrupción en Egipto que resultaría en el secuestro de Sara
4) La
guerra entre los Reyes
5) El
matrimonio con Agar desesperado porque Sara no podía concebir
6) El
mandamiento de la Circuncisión
7) El
secuestro de Sara por Abimilek
8) La
orden de echar afuera a Agar
9) La
expulsión de Ismael
10) La
atadura de Isaac en el altar
La
Circuncisión - Es claro que las bendiciones a los hijos y la
posesión de la Tierra Prometida dependía de la circuncisión. El
significado simbólico de este mandamiento es indicado por el nombre
del prepucio que es removido.
עָרְלַ
Orlah
es comúnmente
traducido como prepucio, pero más acertado y usado en la Escritura
denota “una barrera al paso de un resultado beneficioso”. Por
ejemplo, los hábitos pecaminosos que predisponen a una persona a no
cambiar su estado de vida son llamados el orlah del
corazón (Levítico 26:41; Jeremías 9:25; Ezequiel 44:7). A pesar que
este concepto llega mucho más allá de la comprensión humana, la
circuncisión ayudaba al retorno del estado espiritual de Adán antes
de su pecado. Los antiguos enseñan que Adán nació circuncidado, pero
después de su pecado el prepucio fue extendido y el órgano cubierto
(Sanedrín 38b), como un símbolo de la barrera que había creado entre
sí mismo y la santidad del Eterno.
Sin
embargo, la circuncisión física no tiene la capacidad de llevar a
cabo la eliminación de las barreras naturales pecaminosas del
corazón. El resultado de este acto es metafísico. Este aspecto de la
circuncisión es simbolizado por el mandamiento hecho en el octavo
día en la vida de un niño. El orden natural de la Creación envuelve
un ciclo de siete, al igual que los siete días de la semana y los
siete años del Shemitá (ciclo agricultural). El número ocho
trasciende el orden natural de vida. Así vemos que para sobrepasar
el séptimo y llegar al octavo se necesita un acto sobrenatural.
El
Octavo Día
La
Nueva Creación comenzó en el Octavo Día. En el octavo Día (el
primero de la semana) resucitó Yeshua el primogénito de entre los
muertos, el primero de una Nueva Creación, en el octavo Día fue
escrita la Torá en el corazón de los discípulos reunidos en el
aposento alto y de la misma manera en ese mismo Día a pesar que aún
estábamos en los lomos de nuestros antepasados la Torá fue escrita
también en nuestros corazones.
El
apóstol Pablo conocía muy bien el concepto de la circuncisión y nos
dice: “Porque ni la circuncisión ni la incircuncisión valen nada,
sino la Nueva criatura” Gálatas 6:15.
¿Haz
llegado al octavo Día?
Shabbat
Shalom
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