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Parasha Toldot – Generaciones
Génesis 23:1-25:18
“Isaac rogó a YHVH por su
mujer, que era estéril y el Eterno accedió a su ruego, y Rebeca su
mujer concibió” Génesis 25:21.
Este es el primer versículo
en el cual la Torá explícitamente hace referencia a la oración.
Rifka (Rebeca) era estéril y Yitzjak le pide a Dios que le de un
hijo. Este incidente claramente ilustra la eficacia de la oración.
Sin embargo, la eficacia en la vida diaria es menos evidente.
¡Tantas oraciones aparentemente no son respondidas! ¿Debemos ser un
Tzaddik (justo) como Yitzak para merecer la atención de Dios? ¿Es
posible que un pueblo más común tenga la esperanza que sus oraciones
sean respondidas?
Para poder responder a este
asunto dificultoso debemos comenzar por analizar y corregir dos
entendimientos fundamentales sobre lo que es la oración.
Muchas personas se preguntan
el porqué Dios no responde a todas nuestras oraciones. Después de
todo, El es misericordioso y El es omnipotente. El tiene el poder de
darnos todo lo que le pedimos. Si esto es así, ¿por qué no nos da
todo lo que sinceramente pedimos?
Si recordamos la película
“El Violinista en el Tejado”, Tevia, uno de los protagonistas vive
en la pobreza y le pregunta a Dios algo bien sencillo “¿Interferiría
en el gran esquema tuyo (Dios) si yo fuera un hombre rico?” Tevia
cuestiona la diferencia que hubiera si Hashem lo aliviara de la
carga de su pobreza. Ciertamente, no existe una importancia cósmica
que dictara que él tenía que sufrir. ¿Por qué entonces no lo hace
rico?
Consideremos si la pregunta
de Tevia es válida.
¿Cómo es que Tevia ve al
mundo? Tevia considera los eventos de este mundo como una colección
infinita de sucesos sin relación unos con otros. El Todopoderoso lo
hizo pobre y el Todopoderoso lo puede hacer rico. Ciertamente, al
Todopoderoso le es indiferente si Tevia es rico o pobre, por eso
pregunta “ ¿Por qué no me hace rico? ¿Es correcto este punto de
vista?
Najmánides explica que una
de las fundaciones de la Torá es que Dios hace milagros sutiles e
invisibles. Cuando pensamos en milagros, a menudo nos recordamos las
maravillas descritas en la Torá como el Mar Rojo, o el maná en el
desierto. Sin embargo, esto representa solamente una pequeña porción
de los milagros que Dios hace diariamente, y mucho más común son los
sutiles e invisibles.
La Torá nos dice que seremos
bendecidos si hacemos justicia o castigados si actuamos con maldad.
¿Qué cosa es una bendición? Una bendición es algo de beneficio
material que ha sido ganado como recompensa por haber actuado
justamente. Inherente en este concepto es que el beneficio material
no había sido destinado a ocurrir. Una bendición es un beneficio que
no es destinado a ocurrir pero resulta de una actuación justa. El
mismo razonamiento lo podemos aplicar al castigo. La Torá describe
castigos materiales que experimentaremos si violamos la voluntad de
Dios. Estos castigos no estaban destinados a ocurrir, pero el
Todopoderoso interfiere con el destino para castigar la maldad.
Najmánides mantiene que el
mismo concepto de un milagro implica que existe un orden normal y
natural. El concepto de milagro no puede existir sin el concepto
complementario de una ley natural. Podemos entonces decir que un
milagro es una abertura en el orden natural.
Cuando Dios formó el
universo, el creó un sistema de leyes naturales para guiar sus
actividades y procesos. Es Su voluntad que estas leyes determinen
eventos en este mundo. El solamente interfiere en estas leyes para
llevar a cabo una bendición o un castigo. Esto significa que Tevia
estaba bien equivocado, Dios había creado las leyes que lo habían
condenado a la pobreza, pero él asume que el único asunto en juego
es su petición de ser rico o pobre. Este no es el caso, de más
importancia es que ¿debe Dios comprometer Su voluntad y cambiar las
leyes naturales que El creó para favorecer a Tevia? Cuando hacemos
la pregunta de esta manera, no es tan obvio que Dios tenía la
obligación de hacer rico a Tevia.
El rey David expresa esta
idea cuando dice
“Cuando contemplo tus
cielos,
obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que
tú has formado,
digo: ¿Qué es el hombre,
para que de él te acuerdes;
y el hijo del hombre para
que lo visites?” Salmo 8:3-4
El Eterno es el Creador y
Señor de todo el universo. Sin embargo El cuida y provee por la
humanidad, aún suspende el orden natural que El creó para
beneficiarla. ¡Que diferente fue la pregunta de David a la de
Tevia y aún a la de nosotros mismos. Muchos nos preguntamos ¿Por
qué el Eterno no responde todas nuestras peticiones? David pregunta
¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes y el hijo del hombre
para que lo visites?
Quizás esta es una de las
razones por la cual se dice que David era un hombre con el corazón
de Dios. Rut la moabita tenía la misma característica. Cuando Boaz
la recibe junto a sus obreros para que espigue en su campo ella se
postró sobre su rostro, se inclinó a la tierra y le dijo:
¿Por qué he hallado gracia
ante tus ojos,
para que tú te hayas fijado
en mí,
siendo yo una extranjera?
Rut 2:10
Shabbat shalom
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