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Parasha Vayera
Génesis 18:1-22:24
וַיֵּרָאVayerá – Y
apareció
“Y la
Palabra del Señor se le reveló (apareció) a Abraham en el Valle de
Mamre (Valle de la Visión) mientras estaba sentado a la puerta de su
tienda, en lo más recio del día, calentándose por la sangre de su
circuncisión al calor del día.” Génesis 18:1 Targum Neofiti.
Al
tercer día de su circuncisión cuando la herida es más dolorosa y el
paciente más débil, el Eterno se le apareció a Abraham. En el calor
del día levanta sus ojos y ve a tres hombres de pie junto a él. Es
aparente en el resto de la narrativa, que parecían ángeles en forma
de hombres. La palabra “malaj” puede ser traducida como ángeles o
mensajeros, el Eterno mandó tres ángeles o mensajeros diferentes
porque, por definición, un ángel es una función que El desea llevar
a cabo. Por tanto, cada función es un nuevo ángel, y como eran tres
misiones en conexión con Abraham y Sara en este tiempo, tres
mensajeros fueron despachados. En las palabras del Midrash, “un
ángel no puede llevar a cabo dos misiones” de acuerdo con la
tradición hebrea, los tres ángeles fueron, Miguel, quién informó a
Abraham y a Sara del nacimiento de un hijo varón; Gabriel, quién
destruyó a Sodoma (19:25) y Rafael, quién sanó a Abraham y salvó a
Lot, lo que constituyó una sola misión. Sin embargo los
comentaristas de esta parasha explican que el primer “ángel” habló
en primera persona como si tuviera en sus manos el poder de darle un
hijo. Así podemos decir que fue la Palabra de Yahweh quién se le
apareció y habló con Abraham junto con dos ángeles.
Los
otros dos mensajeros comenzaron su camino hacia Sodoma mientras que
Abraham continuaba parado delante de HASHEM (vs. 22). HaShem se
pregunta “¿Voy a esconder a mi amigo Abraham lo que voy a hacer?
Porque está manifiesto ante mí que ha de mandar a sus hijos y a los
hombres de su casa después de él que guarden la vía del Señor,
obrando la justicia y el derecho, para que la Palabra del Señor
cumpla a Abraham lo que le ha dicho” (Vs. 17-19).
La
implicación de este último verso es que la semilla de maldad en
Sodoma descansaba en el error de no vivir bajo los principios que
Abraham inculcaría a sus descendientes. Las crueldades de Sodoma se
han vuelto parte de los idiomas de las naciones como el epítome del
egoísmo, insensibilidad y depravación, cuya raíz se encuentra en la
avaricia. Sodoma era una región rica y fértil un imán para personas
en búsqueda de riquezas y de buena fortuna, al igual que Lot. Pero
los sodomitas deseaban mantener su propia prosperidad y no ser
estorbados por un diluvio de inmigrantes pobres. Los ricos y
prósperos del mundo como Lot eran bienvenidos en Sodoma, pues
aportarían más dinero y riquezas a su economía. Para desanimar a los
pobres indeseables, los sodomitas institucionalizaron crueldad
estatal, tanto que se consideraba un crimen darle de comer a una
persona hambrienta y ofrecerle limosna a un mendigo. Así mismo la
perversión sexual por la cual Sodoma es notoria era empleada para
mantener lejos a estos visitantes. De acuerdo con una antigua
opinión, esta crueldad nació de esta actitud “lo que es mío es mío
y lo que es tuyo es tuyo (Avos 5:10), o de la popular idiomática “ni
pidas ni des.” Tal egoísmo desciende a la crueldad y a la perversión
y una metrópolis que eleva tal comportamiento a una manera de vida
legítima pierde su derecho a existir.
La
destrucción de Sodoma era inminente, Lot se equivocó cuando escogió
su destino. Se dice que los mensajeros se aparecieron en el 15 de
Nissan, la fecha en la que más adelante se celebraría la Pascua de
Yahweh. A pesar que Lot merecía ser salvo ya por sus méritos o
por los de Abraham, el Midrash nos enseña que “dos tesoros
preciosos” descenderían de él: Rut la moabita, antepasado del Rey
David, y Naamah la amonita, desposada del Rey Salomón. Esta dos
mujeres justas descendientes de Lot serían las madres de la dinastía
Davídica y de Yeshua el Rey Mesías.
Shabbat
Shalom
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