MIKETZ
(Segunda parte)
Génesis
41-44
Bienaventurado
el hombre que pone su confianza en el Eterno
Salmo
40:5
Yosef
(José) fue severamente castigado por un crimen que no había cometido. Sin
familia ni amigos había languidecido en una prisión durante los mejores años
de su juventud. Sin embargo, para Yosef todo lo que le había sucedido era
prueba que HaShem (el Eterno) controlaba todos los aspectos de su vida. De hecho,
la presencia en su carcel de los dos oficiales depuestos por el Faraón y sus
subsecuentes sueños, fueron vistos como mandados del Cielo.
Existen
dos mandamientos que parecen idénticos, pero son diferentes.
Una persona debe tener fe en la existencia de Dios y debe poner su
confianza en El. La fe en Dios, es el primer mandamiento, esto es un imperativo
lógico, puesto que no puede haber mandamiento sin un Ser Supremo con la
autoridad de establecerlo.
A
pesar que la fe en Dios y la confianza en El están relacionadas, no son una
unidad. Una persona puede tener una perfecta creencia en la existencia, poder y
autoridad de Dios, pero nunca llegar a trasladarla a confianza al momento
necesario.
Por
ejemplo, creemos en el Eterno, pero….¿confiamos cuando nos encontramos en una
situación que parecer no tener solución? ¿cuando un ser querido se encuentra
herido de muerte? ¿cuando nuestro negocio se encuentra endeudado y depende de
un producto ya obsoleto? ¿cuando nos queda solamente unos centavos en la cuenta
de banco?
La
fe y la confianza son virtualmente idénticas, excepto que la fe es teorética
mientras que la confianza es práctica. Es fácil tener confianza cuando ésta
no es realmente necesaria, pero es bien difícil cuando es absolutamente
requerida. Yosef puso en práctica su fe (confianza) en su Hacedor.
Yosef sabía que las agencias humanas carecían de poder. Había
alcanzado el más alto estado en el desarrollo de su confianza en el Eterno, y
para él, el Faraón y sus asistentes eran como hormigas al otro lado del
planeta. La sabiduría que el Eterno había depositado en Yosef es evidente en
la frase:
“Provéase
el faraón de un hombre entendido y sabio y póngalo a cargo de la tierra de
Egipto” (41:33)
El
plan de Yosef fue el siguiente; bajo el mando y autoridad del faraón se había
que recolectar una quinta parte del producto de la tierra de Egipto durante
siete años. Acumular los alimentos en almacenes bajo la supervisión del faraón
y guardarlos en las diferentes ciudades para sustentos.
En
ningún momento trató Yosef de usurpar la posición del faraón o del hombre
que fuera escogido para la tarea. Yosef
solamente indicó el plan, el faraón estaba supuesto a echarlo a andar y
supervisarlo.
¿Es
posible que Yosef tuviera esperanza de ser nombrado viceroy? En las leyes
egipcias está escrito que ningún esclavo puede atener un alto puesto, y aún
menos reinar, ni siquiera podían usar el manto de la nobleza. Pero, debido a
que el faraón se dio cuenta que solamente Yosef podía propiamente implementar
y administrar el fabuloso plan para la salvación nacional, decidió hacer una
excepción en la ley.
El
viceroy fue escogido, a Yosef se le dio la tarea de llevar a cabo el programa de
reservas de alimento y asi todo fue preparado para la llegada de los hijos de
Israel. ¿Tenía conocimiento Yosef de lo que había de suceder?
“El
faraón llamó a Yosef Zafenat-panéaj y le dio por mujer a Asenat hija de
Potifera, sacerdote de On” 41:45.
De
esta unión dos hijos nacieron, Manasés (en hebreo “Menasheh”) que
significa “Dios me ha hecho olvidar todos mis sufrimientos”, y Efraín
“porque Dios me ha hecho fructuoso en la tierra de mis sufrimientos”.
El
sufrimiento de Yosef no fue en vano, tuvo que sufrir para poder levantarse como
gigante y llevar a cabo el plan de Dios.
El nombre Efraín es compuesto de las letras de la palabra efer (cenizas) en forma plural, y contiene una alusión a Abraham y a Isaac, ambos son asociados con efer. Abraham se definió a sí mismo como “a pesar que soy polvo y ceniza” Génesis 18:27. Isaac es considerado como cenizas sobre el altar, a pesar que no se llevó a cabo el sacrificio, durante el Alkeida, o atadura. Las diez tribus del reino del norte de Israel son referidas como Efraín como está escrito “Efraín es un hijo querido para Mi” Jeremías 31:19.
SHABBAT
SHALOM