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La
Santificaci—n del Nombre de Dios y la identidad de Abraham
El Midrash declara que Tera informó a
Nimrod que Abram era un desviado social porque no se adhería a la filosofía de
las masas. Abram no siguió a Nimrod en sus aventuras e idolatrías. Aprendemos de
la historia de Abram por Maimónides (Leyes de Idolatría 1:3) que Abram enseñó y
educó a muchos en el monoteísmo. Abram expuso los errores de la idolatría a las
masas. Estas incluían la generación completa en la que Abram vivió. Por
supuesto, Abram no era muy popular, y su padre no lo toleraba. Tera informó a
Nimrod sobre Abram y de acuerdo con el Midrash, Abram fue echado en un horno de
fuego del cual fue salvado milagrosamente. Al informar sobre su hijo Tera no
demostró una actitud de padre normal. Es normal que un hijo se rebele contra su
padre, pero no el reverso. Sin embargo, más adelante se dice que Tera tuvo un
cambio de corazón y salió con Abram y Lot de Ur Kasdim (Ur de los Caldeos Gen.
11:31).
Tera permaneció en Haran, no continuando
a su destino inicial hasta Canaan. Esto demuestra que su deseo o fin no era
tanto llegar a Canaan sino dejar Ur Kasdim. En Haran decidió que había ido lo
suficientemente lejos fuera del alcance de Nimrod.
La influencia de Abram en Ur estaba
unida a su identidad como ciudadano de Ur, a pesar de ser un revolucionario
religioso. Las autoridades lo consideraban como un irreligioso quién había
renunciado a la religión del estado. Pero, a pesar de todo grande era su
influencia. Muchas personas iban a oírle a debatir sus ideas. Después de su
milagroso escape, él asumió otra identidad: un exiliado, quién había convencido
a su más grande adversario, su propio padre, a ponerse de su lado.
Verdaderamente Terah no se arrepintió, o por lo menos no abrazó las ideas
religiosas de su hijo, pero sí tuvo remordimiento de haber hablado en contra de
él
Abram usó esta nueva identidad para
influenciar a muchos y enseñarles la verdadera idea de Dios. Es en este momento
en la vida de Abram que Dios interviene a través de su Palabra y le ordena dejar
su tierra y todo lo que tenía en ella, y también la casa de su padre. Abram
tenía que romper con toda ligadura a sus raíces y emerger como un individuo
totalmente independiente, tanto intelectual como emocionalmente.
La influencia e identidad que había
obtenido y que podía poner al uso de Dios, se perdería debido a sus travesías,
pero estas sería suplida por Dios mismo. “..Te bendeciré y tu nombre será
grande.” (Gen. 12:2).
¿Por qué es que la Torá no revela nada
sobre las grandes realizaciones de Abram, su descubrimiento del Dios vivo, el
Creador del universo, y su celo de llevar a muchos al conocimiento del Dios que
él servía?
La respuesta es sencilla. La Torá no es
un libro de realizaciones personales, es un libro sobre la santificación del
Nombre de Dios. El hacerlo conocer en el mundo entero es el propósito y meta de
las Escrituras. Esto solamente se puede llevar a cabo bajo la asistencia de Dios
y su constante providencia. Tan grande como fueron las realizaciones de Abram se
hubieran rápidamente desaparecido si no hubiera sido por la intervención de
Dios, lo cual comenzó con el mandamiento “Lej Leja” (Vete) a Abram y encontró su
culminación en Shavuot (Pentecostés) cuando sellaron los corazones con la Torá.
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